Ovejas en la Caja: Cuando ser el consentido del festival se vuelve un problema
Ser el «niño bonito» de los festivales tiene su precio. Sí, te aseguras una invitación para tu próximo proyecto, pero también significa que todos tienen una idea preconcebida de lo que deberías hacer. Todos esperan algo específico… y cuando no lo entregas, las críticas empiezan a llover.
Este parece ser el destino actual de Hirokazu Koreeda, el director detrás de joyas como Shoplifters y Monster.
Su última película, Ovejas en la Caja, presentada en Cannes este año, ha recibido una acogida bastante tibia, con muchos críticos lamentando su falta de originalidad y la ausencia de esa chispa emocional que caracteriza su obra. La premisa, por cierto, no es precisamente revolucionaria: recuerda inevitablemente a A.I. de Steven Spielberg o a After Yang de Kogonada (también presentada en Cannes, ojo).
La historia nos sitúa en un futuro cercano donde los humanoides son comunes (aunque caros). Los Komoto, Otone y Kensuke, reciben una oferta tentadora: réplicas androides de seres queridos perdidos. Dos años después de la trágica muerte de su hijo Kakeru, Otone cree que un «Kakeru 2.0» podría ayudarles a superar el duelo, aunque Kensuke no está del todo convencido (pero tampoco se opone).
Ovejas en la Caja coquetea con varios géneros – drama familiar desgarrador, thriller futurista – pero al final se define como un estudio de personajes y emociones… aunque estas últimas son deliberadamente contenidas. No hay grandes giros argumentales ni revelaciones impactantes; Kakeru es consciente de su condición robótica y Koreeda no se plantea (demasiado) el clásico «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?».
La película ofrece algunas reflexiones interesantes sobre la inteligencia artificial, como la necesidad humana de creer que las IA están genuinamente interesadas en nosotros. Sin embargo, Koreeda sigue siendo fiel a su estilo, centrándose más en el comportamiento humano en sus momentos más bajos. Ambientada en una realidad estéticamente agradable pero emocionalmente fría, y protagonizada por personajes imperfectos pero simpáticos, la película explora el proceso del duelo desde un ángulo poco común.
El duelo es solitario y, a menudo, egoísta: un viaje donde las cosas (y las personas) pueden convertirse en herramientas para aliviar nuestro dolor. Koreeda evita mostrar violencia física, reservándola para personajes fuera de escena, pero es evidente que Otone y Kensuke están lidiando con su pérdida pensando principalmente en sí mismos (hasta cierto punto, incluso ignorándose mutuamente), sin tener realmente en cuenta al ser sintiente que vive bajo el mismo techo.
A pesar de las constantes referencias a El Principito (incluida en el título), Ovejas en la Caja no es una advertencia futurista, sino una observación realista: la tecnología puede avanzar todo lo que quiera, pero al final, el mayor daño se lo hacemos a quienes tenemos más cerca.
En resumen, quizás sea más fácil etiquetarla como ciencia ficción familiar para evitar admitir lo obvio: la parábola no es tan metafórica como parece y los mayores dolores de cabeza los causamos nosotros mismos, incluso con ChatGPT.
*La película se estrena el viernes 24 de julio en cines, distribuida por Neon Releasing. Visita su [sitio web](https://www.neonrated.com/film/sheep-in-the-box) para más información.*
