Supergirl: ¿Redención con un toque de melancolía… y mucha crítica?
Vale, seamos honestos, la nueva película de *Supergirl* no va a reinventar la rueda. De hecho, roba descaradamente (pero con elegancia) elementos del cómic *Supergirl: Woman of Tomorrow* de Tom King y Bilquis Evely. Pero ojo, que esto no es necesariamente malo. Lo interesante es que tiene un núcleo emocional sorprendentemente genuino, algo refrescante en el saturadísimo mundo superheroico, y gran parte de la culpa (o mérito) la tiene Milly Alcock.
La chica transmite una sensación de haber vivido mil vidas a sus 23 años, lo cual le da credibilidad al trauma del superviviente que arrastra desde Krypton. Su arco redentor, aunque conocido, se siente orgánico y merecido. Olvídate de los efectos especiales (que ya vimos en *Superman* de Gunn), aquí lo importante es cómo esos poderes impactan a la gente… y en concreto, a Ruthye Marye Knoll, una niña que necesita desesperadamente un héroe. Gillespie acierta al enfocar las escenas de vuelo desde su perspectiva, evocando clásicos como *Shane*, algo que Spielberg haría con los ojos cerrados pero que Hollywood ha olvidado en su obsesión por el CGI.
La trama es la típica historia de venganza (piensen en *True Grit*), pero lo que destaca es el final: Kara intentando inspirar bondad a una niña devastada, y hacerlo sin ironía, autocompasión o guiños. ¡Impresionante! Llamarla «la peor película del género» cuando hace dos años nos tocó sufrimos *Venom: The Last Dance* (ay, Dios mío) es simplemente ridículo.
Ahora bien, no todo es perfecto. La estética sombría choca con los efectos prácticos de las criaturas alienígenas, y el villano es tan desagradable que parece que le recortaron escenas a la fuerza (lo cual hace que la película se sienta un poco corta). No es una joya superheroica, pero tampoco es el desastre absoluto que algunos pintan.
Pero aquí viene lo interesante: parece que hemos perdido la paciencia con las películas «correctitas». Lo que antes perdonábamos (¿recuerdan *Ant-Man and the Wasp*?), ahora se analiza con lupa y se critica sin piedad. Y, lamentablemente, esa crítica a veces deriva en ataques innecesarios a la apariencia de Alcock… una chica que, casualmente, ¡parece sacada del cómic!
En resumen: *Supergirl* es una película decente, con un gran corazón interpretado por Milly Alcock y que se atreve a tomarse en serio su mensaje. Quizás no sea la salvación del género, pero sí una bocanada de aire fresco… aunque esté rodeada de mucho humo crítico (y algo de mala leche gratuita).
