«Bucking Fastard»: Cuando la rareza se convierte en alegoría (y el acento americano no importa)
Werner Herzog, ese maestro del cinismo melancólico, nos trae con «Bucking Fastard» una película que es, como mínimo, *peculiar*. Imaginen a dos hermanas gemelas, Kate y Rooney Mara, interpretando a un par de inglesas con la espontaneidad de quien se ha pasado la vida en Hollywood. La trama? Basada libremente en la historia real de Freda y Greta Chaplin, unas hermanas tan excéntricas que provocaron más de un revuelo social.
La primera hora es puro deleite. Ver a estas dos actrices con sus miradas intensas (cuatro pupilas no son suficientes) recrear recuerdos absurdos – como una visita a la iglesia interrumpida por un tipo con una pinta en la mano, cortesía del Segundo Avvento– es simplemente irresistible. La negación de haber provocado un incendio casi fatal en casa de un vecino añade un toque de humor negro que te hace preguntarte si estás viendo una comedia o un documental sobre gente genuinamente rara.
Y aquí viene lo interesante: Herzog no se conforma con la rareza, necesita darle un sentido profundo. Se intenta construir una alegoría sobre el coste de ser diferente, pero a veces uno piensa que las hermanas perfectamente sincronizadas gritando «Bucking Fastard» (sí, es tan extraño como suena) ya son suficientes para mantenernos enganchados.
El director parece obsesionado con la realidad y la ficción, buscando en hechos reales la semilla de lo surrealista. De hecho, la película está ambientada en Inglaterra, pero las Maras no se molestan en ocultar su acento americano. ¿Es una declaración artística? ¿O simplemente les daba igual? En cualquier caso, funciona.
Lo que Herzog busca es explorar esa «verdad» para imaginar una ficción que cuestione el precio de la individualidad. Intenta celebrar la singularidad iconoclasta de estas hermanas (multiplicada por dos), pero al final, la película se convierte en un retrato agridulce del aislamiento y las consecuencias de vivir a tu propio ritmo.
En la segunda mitad, las Holbrook (nombre ficticio de las hermanas) son rechazadas por su entorno, abandonadas por sus padres y rodeadas de hombres con intenciones poco claras. Hay incluso una curiosa técnica visual: Herzog predecía el peligro moviendo a Kate hacia la izquierda del encuadre y a Rooney hacia la derecha… como si fueran notas desafinadas en un concierto.
Al final, las hermanas regresan al lugar donde son más felices: el campo, con una tía amable, un zorro amigo y una cueva que se convierte en metáfora de su destino social. En resumen, «Bucking Fastard» es una película extraña, divertida, melancólica y profundamente original. Si buscas algo predecible, aléjate. Si te gustan las historias raras con un toque de cinismo herzoguiano, prepárate para disfrutar (o al menos para preguntarte qué demonios acabas de ver).
