Verano en Guerra: Cuando un juego de mesa desentierra fantasmas (y la arrogancia gringa)
La directora chilena Alicia Scherson vuelve a la carga adaptando una obra póstuma de Roberto Bolaño, El Tercer Reich, bajo el título de Verano en Guerra. Y ojo, con el visto bueno del mismísimo Lautaro Bolaño, hijo del autor y productor ejecutivo. ¡Que no es poco!
Scherson ya demostró su talento bolaniano con El Futuro, basada en una novela corta sobre unos huérfanos y un ex-músculo (Rutger Hauer, nada menos). El Tercer Reich (escrita allá por 1989) quizá carezca de la estructura laberíntica que Bolaño perfeccionó después, pero mantiene esa afilada mirada sobre Latinoamérica y su herencia colonial.
Verano en Guerra nos traslada al Chile de febrero de 1989, con Pinochet ya respirándole en el cuello. Conocemos a Udo Berger (Dan Beirne), un estadounidense pálido y con gafas que decide pasar unas vacaciones en Santiago… ¡en el mismo hotel donde estuvo de niño! Su misión: escribir un artículo sobre El Tercer Reich, un juego de estrategia bélica ambientado en la Segunda Guerra Mundial, con fichas hexagonales, reglas complicadas y estadísticas dignas de un doctorado. Udo es un fanático del juego, tan dedicado que lo ha arrastrado hasta Chile para jugar en solitario (para desesperación de su guapísima novia Ingrid, interpretada por Lux Pascal). El ambiente se describe como “como Florida, pero un poco más sucio”, ¡qué sutilidad!
En la playa, Udo e Ingrid hacen amistad con un grupo liderado por el misterioso Charly (Augustin Padella), cuya profesión y pasado son… digamos, turbios. También conocen a El Quemado, un hombre marcado por una cicatriz que se gana la vida alquilando sillas de playa.
La cosa se pone interesante cuando presencian una brutal agresión de Charly contra su pareja. Intentar denunciarlo a la policía resulta inútil: “No, la policía no te va a ayudar”. Poco después, Charly desaparece en el mar y Udo empieza a sospechar lo peor.
Pronto se hace evidente que bajo esa superficie soleada se esconden sombras peligrosas. Ingrid, asustada, regresa a casa, mientras que Udo decide quedarse hasta encontrar al argentino desaparecido. Pero en lugar de resolver el misterio, termina enfrentándose a El Quemado en una partida de El Tercer Reich. Y aquí es donde la cosa se complica: ¡El Quemado aprende rapidísimo! Los aliados están ganando… y resulta que tiene un tutor secreto, el viejo propietario del hotel, con quien mantiene una aventura.
Verano en Guerra, ambientada en los últimos días de Pinochet y justo antes de la caída del Muro de Berlín, explora cómo el pasado sigue vivo en las mentes y acciones de las personas. El juego de mesa se convierte en un reflejo inquietante de la realidad, donde lo que parece inofensivo adquiere una intensidad brutal para aquellos que han vivido la violencia dictatorial (y con ayuda del gobierno estadounidense, no olvidemos). Para El Quemado, esto no es solo un juego: ¡tiene que vencer a los nazis!
En resumen, Verano en Guerra es una historia sobre el colonialismo y la intervención extranjera en Latinoamérica contada de forma inteligente. Udo es un personaje arrogante e ingenuo que cree que su nostalgia y sus recuerdos le dan derecho a entrometerse en asuntos ajenos.
La película es un estudio psicológico fascinante, seductor y envolvente. Como El Futuro, Scherson prefiere crear atmósfera y tensión en lugar de explicarlo todo con diálogos o narraciones excesivas, explorando la compleja geopolítica de la región.
*Dustin Chang es escritor freelance. Sus reflexiones sobre cine (y mucho más) las encontraréis en [www.dustinchang.com](http://www.dustinchang.com).*
