Armes fatales: Un thriller con filo
Olvídense de Josh Brolin como Archer Graff bajando al nivel de un chismoso cruel. Él es el primero en sembrar dudas sobre Justine durante una reunión del PTA, junto a otros 16 padres desesperados por encontrar a sus hijos desaparecidos. Durante un mes, han visto una y otra vez el mismo vídeo: la cámara de seguridad mostrando a su hijo corriendo como Superman hacia el jardín.
La película nos sumerge en varios días desde las perspectivas de Archer, Justine, el director Andrew (Wong), Alex y su excéntrica tía Gladys (Amy Madigan), además de otros personajes como el ex policía de Justine, Paul (Alden Ehrenreich, con una pizca de autodesprecio que contrasta con su habitual amabilidad). A medida que observamos estas historias fragmentadas, la estructura enrevesada del film se vuelve evidente, al igual que sus afilados bordes.
Al igual que *Barbarian*, el segundo largometraje de género de Cregger es una mezcla de tonos que juega con el estilo y la estructura. Ambas películas narran historias no lineales, aunque *Armes fatales* es sin duda más segura y compleja. Inspirado por directores como Tarantino y Villeneuve, Cregger crea un ritmo lento y paciente, con un enfoque novelesco hacia los personajes y cómo sus narrativas se cruzan de manera vívida y a veces violenta.
El guion y la dirección de Cregger son tan certeros que el misterio tiene una recompensa suficiente para permitirse tomar su tiempo, incluso salpicando ocasionalmente humor negro, propio de su pasado como comediante. Sin embargo, a diferencia de *Barbarian*, *Armes fatales* reserva la mayor parte de sus risas para momentos oscuros y macabros, acercándose aún más a este tono hacia el final, cuando la verdadera maldad de la película se revela.
Es precisamente esta maldad la que convierte a *Armes fatales* en una obra tan impactante. La película reflexiona sobre el retrato del suburbio americano y una comunidad en crisis, pero se siente menos como un «film con mensaje» (o «elevado», según la jerga moderna) y más como un thriller excepcionalmente bueno que se adentra en lo siniestro y lo perverso.
La inquietud de *Armes fatales* surge principalmente de la insinuación y la amenaza velada. El uso de «saltos de miedo» por parte de Cregger es mínimo y, sorprendentemente, poco efectivo. De manera similar, la influencia del estudio se hace evidente en la segunda mitad, cuando la historia siente la necesidad de explicar minuciosamente casi todos los aspectos de sus revelaciones finales. Sin embargo, la película era mucho más insidiosa antes, dejando que nuestra mente completara los espacios en blanco por sí sola.
Aun así, *Armes fatales* ofrece una satisfacción oscura y gratificante. Es como un rompecabezas donde podemos reconstruir la imagen completa al mismo tiempo que los personajes principales, o incluso un poco antes. Las actuaciones excelentes y el trabajo con los personajes, incluyendo el regreso bienvenido y memorable de Madigan, le dan a cada pieza del rompecabezas unos dientes afilados.
