«Run Amok»: Cuando el Luto se Viste de (Negro) Humor
En Estados Unidos, los tiroteos masivos (400 solo el año pasado), y especialmente en las escuelas (la mitad aproximadamente), parecen haberse convertido en un precio aceptable a cambio de defender a capa y espada la Segunda Enmienda. Sí, lo han leído bien. Para muchos, el derecho a empuñar armas es sagrado, incluso si eso significa seguir contando víctimas.
Poseer y usar armas define la identidad política y personal de una parte importante de la población. Cualquier restricción se ve como una amenaza existencial, impensable siquiera la posibilidad de llegar a un acuerdo.
Aparte de los inevitables reportajes sensacionalistas (lágrimas, plegarias incumplidas y políticos que suenan huecos), la violencia armada es ruido de fondo… pero no para los adolescentes que ya han vivido demasiados simulacros de tiroteo activo, atrapados en una espiral constante de miedo.
Es precisamente ahí donde entra «Run Amok», el debut como directora de NB Mager, adaptado de su corto homónimo. Mager no se anda con rodeos y aborda las consecuencias sociales, culturales y psicológicas de estos sucesos, pero lo hace desde una perspectiva singularmente retorcida… y deliciosamente negra. Es una respuesta necesaria a un cine que prefiere evitar los temas más incómodos.
La película nos presenta a Meg (Alyssa Martin, en una actuación reveladora), huérfana tras un tiroteo escolar ocurrido diez años atrás. Es su primer año en el mismo instituto donde murió su madre, profesora de arte. Mager le da a Meg una personalidad peculiar: brillante e intuitiva, pero emocionalmente distante y con dificultades para encajar (el arquetipo del *nerd*, si quieren ponerle etiqueta).
Tras la muerte de su madre, Meg es acogida por su tía Val (la siempre bienvenida Molly Ringwald), su tío Dan (Yul Vazquez) y su prima Penny (Sophia Torres). Tiene un hogar estable y una familia que se preocupa por ella… pero sigue sintiéndose como una extraña, una invitada permanente. No ayuda mucho la actitud distante de Penny, cuatro años mayor, que no parece dispuesta a integrarla en su vida.
Cuando se acerca el décimo aniversario del tiroteo, el instituto decide organizar un “conmemoración”: discursos, canciones y homenajes a las víctimas, incluyendo a la madre de Meg. Bajo el liderazgo de Mr. Shelby (Patrick Wilson), el profesor de música que intervino heroicamente para detener al atacante, se busca celebrar la vida de los fallecidos… aunque parezca una contradicción.
Meg, aprendiendo sobre la “catarsis” en la biblioteca, decide aferrarse a esta idea como un salvavidas. Si puede provocar esa liberación emocional en la comunidad escolar, tal vez logre darle sentido a lo absurdo: el arte como terapia y viceversa. Y no se trata de otro lúgubre «Amazing Grace», sino de una recreación dramática del tiroteo… con números musicales originales compuestos por ella misma.
Martin borda su papel, transmitiendo una angustia emocional contenida, un intento constante de ocultar su dolor tras una fachada intelectual que resulta insuficiente. En su búsqueda de respuestas, Meg incluso se encuentra con Nancy (Elizabeth Marvel), la madre del tirador, en un encuentro inesperado que establece un vínculo sorprendente. Ambas han perdido a alguien amado y deben aprender a vivir con su ausencia… y, en el caso de Nancy, con una culpa devastadora por no haber visto las señales a tiempo.
«Run Amok» plantea más preguntas de las que responde (y probablemente eso sea intencional). Sumemos a la ecuación un profesor obsesionado con las ardillas (sí, lo han leído bien), adultos comprometidos e ineficaces y constantes cambios de tono… Y entenderán por qué esta película polarizará al público. Es una sátira social oscura que no se anda con delicadezas.
Pero, sin duda alguna, «Run Amok» proclama a Mager como un talento emergente. Su próxima película debería estar en la lista de imprescindibles de todo cinéfilo que se precie.