Eddington: Un retrato grotesco de la paranoia moderna
Ari Aster, el maestro del cine perturbador, nos presenta en «Eddington» una radiografía desoladora de 2020, un año que se siente como si hubiera sido escrito por un guionista con un gusto particular por el apocalipsis. Imaginen: Joaquin Phoenix, nuestro héroe atormentado, atrapado entre una esposa (Emma Stone) que cae en las garras de QAnon y un pueblo dividido por la muerte de George Floyd.
Aster no busca simplemente reflejar la realidad, sino deformarla, mostrándonos cómo cada tuit obsceno parece acelerar el colapso de la sociedad. La película es una sátira mordaz de nuestra cultura hiperconectada, donde la verdad se ha convertido en una víctima más del algoritmo.
Phoenix, con su habitual aura de hombre al borde del abismo, se enfrenta a la paranoia generalizada y a un mundo que parece estar perdiendo la cabeza. Incluso el CIA, según Aster, admite que la pandemia pudo haber comenzado en un laboratorio de Wuhan, lo que nos deja preguntándonos: ¿quién tiene razón?
Aster juega con las expectativas, mostrándonos personajes aparentemente razonables que defienden ideas absurdas. La línea entre víctima y victimario se difumina, como cuando Stone, la infeliz ama de casa, cae rendida ante un líder de culto carismático (Austin Butler) que promete revelar conspiraciones inverosímiles.
En última instancia, «Eddington» es una obra maestra del pesimismo controlado. Es un retrato grotesco de una sociedad en declive, donde todos tenemos un pedacito de la verdad, pero nadie puede ver el panorama completo. Nos deja con la inquietante sensación de que estamos todos atrapados en una película de terror sin final feliz, esperando a que alguien presione el botón de «rewind».
