Nubes de Confusión: Un análisis (irónico) de la última película de Kiyoshi Kurosawa
Amigos cinéfilos, prepárense para un viaje a través de la nebulosa que es «Cloud», la última obra maestra (?) de Kiyoshi Kurosawa. Tras disfrutar de clásicos como «Pulse» y «Cure», me lancé con entusiasmo a este enigma cinematográfico presentado en el Festival Internacional de Cine de Hawai.
La sinopsis: Yoshii, un joven emprendedor digital (¿o estafador?), se ve envuelto en una serie de eventos misteriosos que ponen en peligro su vida. Suena intrigante, ¿no? Pues prepárense para la decepción.
Desde el inicio, Kurosawa nos sumerge en un ritmo pausado que raya lo tedioso. Yoshii, interpretado por Masaki Suda, navega por la vida vendiendo productos falsificados con la misma pasión que uno lavaría los platos. Su novia Akiko (Kotone Furukawa), una figura más bien superficial, parece existir solo para avanzar la trama de forma poco convincente.
La cámara se mueve con la agilidad de un caracol en vacaciones, y las sombras dominan el escenario como si fueran protagonistas. A pesar del impecable trabajo técnico, la película me dejó con la sensación de estar viendo la pintura secar.
La trama da un giro inesperado cuando Yoshii y Akiko se mudan a un edificio junto a un lago (¿con motivos románticos o por miedo a los clientes enfurecidos?). Un objeto misterioso (que nunca se identifica) irrumpe en su habitación, transformando el drama en thriller de baja intensidad.
Yoshii contrata un asistente que termina siendo despedido por desconfianza, Akiko abandona la nave por aburrimiento y odio a una cafetera de alta tecnología (¿será una metáfora?), y finalmente llega el apocalipsis digital: un grupo de clientes furiosos amenaza con hacer justicia por internet.
La tensión aumenta cuando los clientes convertidos en justicieros armados irrumpen en la morada de Yoshii, lo secuestran y planean torturarlo en directo. Yoshii logra escapar (¡qué alivio!), se esconde en una cabaña de cazador y, para nuestra sorpresa, el villano más sanguinario del grupo mata al pobre tipo.
Aquí es donde la lógica se desploma como un castillo de naipes. ¿Asesinar a un estafador es realmente tan justificable? Algunos personajes mencionan suicidios provocados por las acciones de Yoshii, pero la explicación es tan vaga como el título de la película.
Akiko reaparece para intentar salvar a Yoshii, pero Sano, su asistente con aires de Yakuza, se roba el show y la deja en ridículo. El juego del gato y el ratón continúa mientras los justicieros se devoran entre sí hasta que solo queda el asesino más despiadado. ¿Un western japonés? Parece serlo.
Yoshii mira sus ventas y descubre que ha ganado 10 millones de yenes (¡el crimen sí paga!). Sano, con una sonrisa malévola, expresa su aprobación. ¿Amor subliminal entre estos dos? El final nos deja con más preguntas que respuestas.
Akiko, en un giro inesperado digno de una mala película noir, apunta a Yoshii con una pistola para robarle las tarjetas de crédito. Sano, sin inmutarse, la elimina con la misma facilidad con la que se come un sándwich. Yoshii y Sano conducen hacia el atardecer mientras Sano explica que «Ratel» (el alias online de Yoshii) significa «uno de los mamíferos más feroces». ¿Un final metafísico? ¿Una metáfora sobre la naturaleza humana? Ni idea.
«Cloud» fue la propuesta japonesa para los premios Oscar 2025. Si bien no es una mala película, da la sensación de que falta un montaje coherente. Tal vez se trata de un homenaje póstumo al director, o simplemente un experimento cinematográfico fallido. Los fans acérrimos de Kurosawa podrían encontrar algo interesante en «Cloud», pero yo me quedo con la perplejidad y la certeza de que he perdido dos horas de mi vida.
