Nobody 2: Un homenaje a la violencia sin sentido
Soy un gran admirador de Bob Odenkirk desde los días de *Mr. Show*. Me dejó boquiabierto con su transformación en Saul Goodman, demostrando una versatilidad increíble. Pero debo confesar que me decepciona profundamente la saga *Nobody*. La primera entrega ya me pareció un desperdicio de talento, con un guion flojo y un mensaje cuestionable. Y *Nobody 2* empeora las cosas.
La trama es simple: Hutch Mansell, el ex asesino a sueldo aburrido de la vida suburbana, se ve envuelto en una nueva espiral de violencia por culpa de sus propias malas decisiones. Se endeuda tras incendiar el dinero de la mafia rusa y para saldarlo debe realizar trabajos sucios. Esto le aleja de su familia, lo que supuestamente motiva su anhelo de unas vacaciones «perfectas» en Plummerville, un pueblo turístico con un oscuro secreto: es controlado por una organización criminal. Obviamente, las cosas se complican cuando Hutch termina enfrentándose a los mafiosos locales y poniendo en peligro a sus seres queridos.
El problema principal es que Hutch es un protagonista insufrible. Genera todos sus problemas gracias a su egoísmo y violencia desmedida, pero nunca enfrenta las consecuencias de sus actos. La película intenta justificarlo con momentos de «heroísmo», como rescatar a un adolescente secuestrado, pero estos palidecen ante su constante rabia descontrolada.
Timo Tjahjanto, director conocido por sus brutales escenas de acción (como en *The Night Comes for Us*), no logra salvar la película. Aunque hay coreografías impresionantes, carecen de impacto emocional debido a la falta de interés en la historia y el protagonista.
En definitiva, *Nobody 2* es una película vacía que se limita a replicar las fórmulas del género sin aportar nada nuevo. Incluso la actuación de Sharon Stone como la villana parece un chiste mal contado. Si bien la película no pretende ser seria, su falta de sustancia y encanto la convierte en una experiencia cinematográfica frustrante. Odenkirk merece mejores proyectos que esto.
