«Devil in Silver»: Cuando el papeleo policial te mete en un manicomio (y quizás haya algo más)
La serie nos presenta a Pepper, un currante de Queens con sueños de dar clases de batería como actividad secundaria. Un sueño que se va al traste cuando, intentando defender a su novia de su ex-agresivo, termina arrestado por… bueno, digamos que no fue precisamente amable con los agentes del orden. Y así, sin más preámbulos, se encuentra internado en el (ficticio) Hospital Psiquiátrico New Hyde para «enfriarse la cabeza» durante un fin de semana. O, mejor dicho, porque a la policía le daba pereza hacer papeleo.
Y aquí empieza el festival de atajos horripilantes y resquicios legales que nos esperan en los episodios siguientes. Pepper, sobremedicado y considerado «no conforme», se desliza entre las grietas del sistema hasta convertirse en lo que parece ser el nuevo residente permanente. ¡Bienvenido al club!
Mientras lucha por recuperar su libertad, Pepper empieza a notar cosas extrañas en el hospital: muertes repentinas (la del anterior ocupante de su habitación, para ser exactos) y rumores sobre una oscura fuerza que habita tras una misteriosa puerta plateada. La serie, con muy buen ojo, nos recuerda las terribles realidades de la salud mental: personal exhausto, recursos limitados, pacientes abandonados a su suerte… un panorama desolador.
Ahora bien, aquí viene lo interesante. Aunque el principio te lleva a pensar en narradores poco fiables y si creer o no lo que ves, *Devil in Silver* es bastante clara con una cosa: sí, hay un monstruo en New Hyde. La pregunta real es la que plantea Coffee, su compañero de habitación: «¿Las cosas malas suceden en un lugar porque el lugar es malo, o son tantas las cosas malas que han sucedido allí que atrajeron el mal?». Una reflexión profunda para mientras te tomas tu medicación, vamos.
Con tan solo seis episodios, la serie se queda un poco corta para explorar a fondo esta pregunta (y otras muchas). El final se siente algo precipitado (raramente pido más capítulos de una serie, pero aquí habría venido bien una hora extra). Aún así, es tensa y atmosférica. Imaginen: pasillos iluminados con bombillas parpadeantes, equipos destartalados y un aire general de abandono. La directora Karyn Kusama establece desde el principio una atmósfera claustrofóbica que transmite a la perfección la decadencia y desesperanza que sienten muchos de los residentes. Sí, hay momentos en que la iluminación es *demasiado* oscura (parece ser la moda actual), pero no se le puede echar toda la culpa a la serie.
Dan Stevens, con *Devil in Silver*, sigue demostrando su talento para elegir papeles… digamos, peculiares desde que dejó atrás el papel de galán romántico en *Downton Abbey*. ¿Quién iba a pensar que el hombre que nos enamoró en época victoriana terminaría interpretando a un dentista kaiju en *Godzilla x Kong: The New Empire* o al hijo del Profesor X en la infravalorada *Legion*? Su actuación aquí es intensa y compleja, pasando de la rabia e impotencia al miedo y el arrepentimiento. Pepper es un hombre lleno de contradicciones, con un complejo de héroe y un temperamento explosivo… y mucho equipaje emocional que arrastra.
Pero Stevens no está solo. El elenco secundario es fantástico, interpretando a personajes neurodivergentes con historias convincentes y diagnósticos reales que los alejan de estereotipos simplistas. Judith Light está brillante como Dorry, una mujer esquizofrénica que lleva gran parte de su vida en el hospital, pero es b (actor no binario) quien realmente roba la escena como Loochie, un adolescente con trastorno bipolar que se hace especialmente cercano a Pepper.
En resumen: *Devil in Silver* es una serie intrigante y perturbadora que te hará cuestionar mucho más que la iluminación de los hospitales psiquiátricos. Y quizás… quizás también te haga pensar en los monstruos que llevamos dentro.
