¡Ay, Virgin River! ¿Dónde quedó el drama? (Temporada 7 bajo la lupa)
¡Advertencia de spoilers masivos para la Temporada 7 de *Virgin River*! Si aún no has visto la temporada y te gusta mantener las sorpresas, corre, huye, aléjate…
La séptima temporada de *Virgin River*, el drama romántico que nos vende Netflix, tenía una pinta prometedora. Después de un año y cuatro meses (¡sí, lo sé, es muchísimo!), la serie basada en los libros de Robyn Carr regresaba con las tramas más esperadas. Pero… ¿cumplió las expectativas? La respuesta corta: no del todo.
Al final de la sexta temporada se habían plantado unas cuantas semillas dramáticas: la posible adopción de Mel y Jack, la investigación de Doc y, por supuesto, la misteriosa desaparición de Charmaine. Tres historias gordas que prometían mucho. El problema es que parece que quisieron meter demasiadas cosas en el mismo bote, diluyendo la salsa y dejándonos con un sabor agridulce.
La Paternidad: Lo Único Que Salva Los Muebles
*Virgin River* siempre ha sido una serie bastante «pastelera», llena de giros inesperados y situaciones exageradas. Esta temporada intenta ser un poco más realista, menos explosiva… lo cual no es malo en principio. Pero “realista” no tiene por qué significar “aburrida”. Afortunadamente, las historias relacionadas con la paternidad son el mejor plato del menú.
La lucha de Jack y Mel para formar una familia ha sido el eje central y, sinceramente, ha funcionado muy bien. Logran equilibrar momentos tiernos con conflictos creíbles que no se sienten forzados. Ambos personajes evolucionan y demuestran que están preparados para ser padres (aunque el susto del corazón de su hijo nos haya hecho sudar un poco).
Y hablando de paternidad, ¡sorpresa! La historia de Lizzie y Denny ha sido una grata revelación. Normalmente son la pareja más sosita de toda la serie, pero esta temporada se han lucido. Lizzie lucha contra la ansiedad postparto de una manera muy conmovedora, y Denny… ¡madre mía!, el tío se transforma en un novio y padre increíble. Empatizamos con ambos como nunca antes. Sarah Dugdale está espectacular interpretando a Lizzie, transmitiendo su angustia con una intensidad que te llega al alma.
También merece una mención Muriel y su tratamiento contra el cáncer, tratado con sensibilidad y cariño por Teryl Rothery, una leyenda de Hollywood que no defrauda.
El Resto… Un Poco Desordenado
Fuera de las historias de paternidad, la temporada se siente un poco como si los guionistas hubieran lanzado espaguetis a la pared para ver qué se pegaba. Saltan de trama en trama sin mucha transición, lo que indica problemas de dirección y edición. Algunas subtramas son simplemente flojas y poco interesantes.
La investigación de Doc tiene algunos momentos dignos, sobre todo las interacciones con la Dra. Hayes, pero el ritmo es lentísimo y el guion deja mucho que desear.
Preacher queriendo montar un restaurante elegante… ¿en serio? Jack empezando una granja… no le encuentro sentido alguno. La pelea de Hope y Roland se siente exagerada y solo cobra sentido en el último episodio.
Y ni hablar del triángulo amoroso Brie, Brady y Mike. Los actores (Zibby Allen, Marco Grazzini y Ben Hollingsworth) suelen ser fantásticos, pero aquí no logran transmitir ninguna química. El diálogo es torpe y no hay razón para querer que vuelvan a estar juntos.
Pero lo más decepcionante de todo ha sido la trama de la desaparición de Charmaine. Era el misterio más grande de la temporada, ¡y lo han resuelto de una forma tan sosa! Un giro argumental sin ninguna base ni foreshadowing que deja mucho que desear.
¿Vale La Pena Verla? Sí, Pero Con Advertencias
A pesar de sus fallos, *Virgin River* sigue teniendo algunos momentos brillantes que recuerdan por qué nos enganchamos a esta serie. La visita de Doc y Hope al laberinto es pura magia, y la escena en la que Lizzie tiene una crisis en el bar es simplemente perfecta: emocional, bien escrita, bien actuada y muy realista.
En definitiva, *Virgin River* temporada 7 tiene sus altibajos, pero las historias de paternidad son lo suficientemente fuertes como para compensar las muchas debilidades. Esperemos que los guionistas aprendan la lección y se centren en lo que realmente funciona cuando empiecen a rodar la octava temporada. ¡Porque, vamos a ser sinceros, todos queremos ver más drama rural!
