La trama de «El Esquema Fenicio»: Un laberinto de referencias donde se pierde la historia
Wes Anderson nos trae su última obra, El Esquema Fenicio, un título que, como muchos otros elementos de la película, parece más bien un guiño críptico a una conspiración secreta que una descripción clara de lo que vamos a ver. Y es que, al igual que Amy Adams en The Fighter, uno no puede evitar sentir que hay que «leer toda la película» para comprenderla por completo.
Anderson ha flirteado con esta tendencia durante años, ofreciendo películas donde el estilo se convierte en protagonista y la narrativa se diluye en un mar de referencias culturales. Asteroid City (2023) logró encontrar un equilibrio entre la estética impecable y una trama coherente, mientras que The French Dispatch (2021) se hundió en un mar de metamodernismo donde la vida apenas podía respirar.
El Esquema Fenicio cae lamentablemente en este último territorio. La película es visualmente exquisita, con cada cuadro diseñado con precisión milimétrica, pero la historia se siente vacía y distante. Benicio del Toro interpreta a un empresario despiadado, Zsa-Zsa Korda (¿un guiño al director Alexander Korda?), cuya hija Liesl (Mia Threapleton), futura monja, representa una doble referencia a The Sound of Music.
La trama superficial nos presenta el viaje de padre e hija para cumplir con los negocios de Korda y fortalecer su vínculo familiar. Anderson explora la complejidad de las relaciones familiares, un tema recurrente en su filmografía, pero aquí se queda en un plano superficial, eclipsado por la proliferación de referencias y guiños culturales.
El problema radica en que El Esquema Fenicio parece estar más preocupada por mostrar lo inteligente que es que por contar una historia convincente. Tenemos personajes como Excalibur (¿en serio?) y un elenco de estrellas incluyendo a Tom Hanks, Bryan Cranston y Scarlett Johansson, quienes parecen atrapados en la misma jaula meta-narrativa, hablando con la misma entonación monótona.
Incluso la banda sonora de Alexandre Desplat y la fotografía de Bruno Delbonnel, habitualmente impecables, se sienten subutilizadas, como si fueran meros accesorios en un museo de referencias culturales.
En definitiva, El Esquema Fenicio es una película hermosa pero vacía, llena de ideas geniales que nunca llegan a materializarse en una historia completa y convincente. Si bien celebra la idea de la familia encontrada, se queda corta en ofrecer una narrativa que pueda ser disfrutada en lugar de «leída» a través de un laberinto de referencias crípticas.
Quizás Amy Adams tenga razón: a veces es mejor simplemente dejarse llevar por la historia y no tener que descifrar cada detalle para disfrutar de una película.