«El Debut»: Una Parodia Teatral… ¿O Solo una Fiesta Privada?
Jesse Eisenberg, después de conmovernos (un poco) con «A Real Pain», decide tomar un giro radical y lanzarse a la comedia más descarada con «El Debut». Si esperaban realismo psicológico… olvídenselo. La película es básicamente una obra de teatro comunitaria exageradísima, y eso desde el primer segundo.
Eisenberg parece haber disfrutado mucho su paso por «Saturday Night Live», porque esta película se siente como un sketch alargado a lo largo de todo un metraje. Tan exagerada es la situación que si aparece una nave alienígena para secuestrar a Julianne Moore, no te sorprenderías ni un poquito.
Si eres fan de las parodias sin pretensiones, quizás pases un buen rato. Pero ojo, porque si buscas algo serio… prepárate para quedarte confundido (e incluso alarmado) de que esto se presente como una de las comedias destacadas del otoño.
La trama, en resumen: Mona (Moore), una ama de casa rica y aburrida, decide apuntarse a una audición para la obra local «Nosy Neighbors» (un musical inventado por Eisenberg, seguramente por temas de derechos o para inflar su currículum creativo). Se enfrenta a Jerry (Paul Giamatti), un director mandón al estilo J.K. Simmons que la rechaza en seco… hasta que se ve obligado a contratarla porque es la única otra aspirante.
Lo que sigue es una sátira implacable (y, digamos, autocomplaciente) del mundo del teatro amateur. Eisenberg ridiculiza cada aspecto de los «theater kids» y sus obras. Seamos caritativos: supongamos que «Nosy Neighbors» es deliberadamente cursi y de mal gusto, y que la sobreactuación de los actores es intencionada… ¿Pero si el parodiador y lo parodiado son indistinguibles, acaso hay alguna parodia?
La verdad es que Eisenberg se divierte tanto interpretando a alguien que se burla de sí mismo (y de sus amigos) que parece olvidar que necesita una audiencia.
Moore hace un buen papel, pero su interpretación tiene la misma profundidad que Anna Faris en «Scary Movie». Es decir, mucha energía y gritos, pero poca sustancia. Giamatti, como el director, es lo mejor del reparto: él no está metido en el rollo de la histrionia general. El resto parecen actores de un crucero Disney, diseñados para entretener a niños de 6 años o menos (y para hacerse selfies).
El problema principal es que la misma broma se repite una y otra vez. Moore empieza siendo tímida, luego grita todo el tiempo, después se mete tanto en el personaje que limpia baños… Y así hasta que ya no sabes si Eisenberg quiere crear un personaje cómico entrañable o simplemente degradarla con estereotipos baratos.
La vida de Mona como ama de casa es tan intrascendente que su familia ni siquiera nota su ausencia. El final, con su intento de redención, se siente forzado y poco convincente. Uno se pregunta para quién está hecha esta película: probablemente, para otros «theater kids». En ese caso, «El Debut» es un chiste interno divertido pero algo irritante en su insistencia gratuita.
Eisenberg no es compositor ni letrista, así que hay que darle crédito por escribir la música y la letra de las canciones del musical dentro de la película (incluyendo siete temas originales). La canción más pegadiza, «This City May Have Chewed Me Up, But It Hasn’t Spit Me Out», se repite tantas veces que termina siendo memorable. Pero al final, lo que te llevas es la impresión de lo ridículas y chapuceras que pueden ser las producciones teatrales comunitarias… aunque quizás Eisenberg pretendiera demostrar lo contrario.
Los actores acuden en masa a sus proyectos porque les ofrece buenas oportunidades… aunque esas oportunidades sean de puro histrionismo. Julianne Moore recibe aplausos espontáneos en casi cada proyección por un monólogo, pero en realidad solo se trata de gritar diálogos banales a todo volumen y añadir una palabrota después de cada frase.
En resumen: «El Debut» es como una comida super-rica llena de nueces, crema, mantequilla y azúcar. Un bocado puede ser divertido, pero al final te sientes fatal.