¡William Shatner y su obsesión con «2001: Una Odisea en el Espacio»! (Y una explicación para los mortales)
El Capitán Kirk, a sus 95 años, sigue más activo que muchos de nosotros. Convenciones de Star Trek, cameos televisivos, e incluso… ¡un álbum de heavy metal! Sí, lo leyeron bien. Pero entre tanta actividad, parece ser que nuestro querido Shatner tiene una debilidad: rever «2001: Una Odisea en el Espacio» una y otra vez. ¿La razón? Pues… no la entiende.
En una entrevista de 2011 (sí, lleva tiempo dándole vueltas), Shatner confesó su fascinación con el clásico de Kubrick, alabando sus efectos especiales y… bueno, básicamente todo lo que pueda alabar, excepto el final. «¡Nadie puede entenderlo!», exclamaba. Y a juzgar por la cantidad de veces que la ha visto, no es el único.
Pero tranquilo, Shatner, ¡que aquí te echamos una mano! (Y al resto de los mortales).
La película, en esencia, trata sobre la evolución humana y nuestra relación con herramientas misteriosas, representadas por esos monolitos negros. Son como «empujoncitos» cósmicos que nos ayudan a dar saltos evolutivos. Desde usar un hueso como arma hasta… bueno, inventar HAL 9000.
El problema viene al final, con esa secuencia psicodélica llamada «Jupiter and Beyond the Infinite». Ahí es donde la película se pone más enrevesada que una nebulosa. Pero ojo: el protagonista no es el astronauta Dave (Kier Dullea), ¡sino toda la humanidad!
Lo que Shatner está viendo, y lo que muchos de nosotros nos perdemos, es la representación de un contacto con seres alienígenas ultra-avanzados que han estado guiándonos durante milenios. Estos seres nos muestran… algo incomprensible para nuestras mentes limitadas. El caleidoscopio de colores y formas no es más que el intento de Dave de darle sentido a lo que ve, transformándolo en imágenes familiares como